Sociedad y derecho

A finales del siglo XIX hubo una importante inmigración de chinos a diferentes partes del pacífico mexicano, quienes llegaron en busca de trabajo y una mejor calidad de vida que la existente en su país de origen.

        Los navíos que desembarcaban en los puertos de Mazatlán, Ensenada y Guaymas, traían a miles de inmigrantes chinos, en su mayoría, de Cantón y Hong Kong, quienes venían a trabajar, principalmente, en la construcción de vías férreas, colocación de rieles y de estaciones ferroviarias.

        La alta demanda de trabajadores chinos en nuestro país se debía en gran parte a que, debido a la prohibición Constitucional de trata de esclavos negros en México, los obreros chinos representaban una excelente opción, pues significaban mano de obra barata, a quienes, además, se les explotaba con largas jornadas laborales y se les daba un trato en esencia, igual a la de los esclavos.

        Aún así, una vez concluidos los trabajos del ferrocarril, muchos de ellos se asentaron de manera permanente en diferentes partes de la República, siendo Sinaloa una de las entidades del país que más inmigrantes chinos tenía, en proporción a su número de habitantes.

        Las culturas, sinaloense y china, se entrelazaron de manera importante, dando origen a una nueva, la cual estaba matizada por la mezcla de costumbres de ambas.

        La gran mayoría de los inmigrantes chinos, asentados de manera permanente en Sinaloa, dieron muestra y ejemplo de trabajo honrado, esfuerzo y dedicación, de lo cual podemos todavía atestiguar con la gran cantidad de importantes negocios existentes hasta la fecha, como los restaurantes y comercios, entre los que podemos destacar una emblemática y extensa cadena de supermercados.

        Otro sector de la población china, introdujo con éxito, la actividad de producción, comercialización y consumo del opio.

        Sinaloa, siendo un Estado rico en tierras de cultivo y, por tanto, con un alto número de personas que se dedicaban a la agricultura, significó un factor importante para que el negocio del opio prosperara, pero no sólo eso, sino que también fuera asimilado por los lugareños como parte de su cultura.

        El opio, droga que se obtiene desecando el jugo de las cabezas de adormideras verdes (planta parecida a la amapola), del que se obtiene la morfina y heroína, era de uso común en Europa y Asia desde hacía miles de años, tanto para fines medicinales como recreativos.

        Hasta principios del siglo XX, en China existían “fumaderos públicos de opio”, los cuales, si bien eran considerados como una actividad inmoral e indecente, no era ilegal.

        El cultivo de la planta de la que se extrae el opio empezó a tener mayor auge en Sinaloa a partir de la regulación de la producción y comercialización de esta droga para uso exclusivamente medicinal, pues fue ahí cuando se volvió más atractivo, desde el punto de vista económico, al tener mejor precio en el mercado negro.

        Por este y otros motivos políticos, discriminatorios y culturales de la época, la comunidad china fue objeto de violentas persecuciones en nuestro país. En su libro, El Cártel de Sinaloa (2009), Diego Enrique Osorno, narra cómo en la Entidad, el Comité Antichino, “salía a cazar chinos” en la década de 1920.

        Esta campaña antichina, trajo como consecuencia la repatriación de muchos de estos inmigrantes. Sin embargo, en Sinaloa, la cultura del opio ya había echado raíces, volviéndose parte de jerga local palabras como “Gomero” para identificar a los narcotraficantes (como referente al estado natural del opio sin procesar “en goma”), o “Buchones”, en alusión a la gente que trabajaba en la sierra y que consumía agua con alta concentración de yodo, lo cual provocaba que se les ensanchara el cuello (o buche).

        Siendo así como, poco a poco fue creciendo la industria del narcotráfico en Sinaloa, extendiéndose a otras partes de la república mexicana, hasta lograr su mayor auge a partir de la década de los 80s.

        La vida de exorbitantes lujos, poder y aparente impunidad de los narcos, ha generado una cultura de adoración en torno a su estilo de vida, principalmente entre el sector joven y de bajos recursos de la población, quienes los ven como héroes populares y exitosos, dignos de emular, lo que en definitiva conlleva importantes repercusiones negativas en el respeto y permanencia del Estado de Derecho, sobre todo por la violencia desbordada que provoca, siendo su solución uno de los mayores retos de nuestras autoridades en la actualidad.

        Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad ¡Hasta la próxima!



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