Tendrás gozo y alegría

Tendrás gozo y alegría

“Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento” (Lucas 1:14). El sonido de las palabras que el ángel de Dios expresó al sacerdote Zacarías en los días de Herodes, rey de Judea, resuenan hoy en el corazón de millones de miembros de la Iglesia La Luz del Mundo, una institución cuyos integrantes se regocijan en el nacimiento del apóstol Naasón Joaquín García.

De acuerdo con el perfecto plan de Dios, el nacimiento de Juan el Bautista tenía como propósito el cumplimiento de una misión espiritual diseñada para este hombre elegido de Dios, grande desde antes de nacer: hacer que “muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos” (Lucas 1:16).

Seis meses después del nacimiento de Juan, nació Jesús en Belén de Judea, un lugar situado a nueve kilómetros al sur de Jerusalén. En aquella región, unos pastores que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño, presenciaron un acontecimiento inédito: un ángel acompañado de una multitud de huestes celestiales que alababan a Dios en los siguientes términos por el nacimiento del Hijo de Dios: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:24).

Durante el proceso “legal” seguido a Jesús de Nazaret, plagado de inconsistencias, irregularidades y violaciones procesales, el redentor del mundo explicó al entonces gobernador romano de Judea, Poncio Pilatos, el noble propósito de su nacimiento: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio en favor de la verdad” (Juan 18:37).

Hay nacimientos históricos, que son importantes para un país, un reino o un imperio, pero el nacimiento de Cristo fue importante para los hombres de su generación, y sigue siéndolo para quienes vivimos en este tiempo y sabemos que Él resucitó y vive por los siglos de los siglos.

En el desempeño de su sagrada misión, el Señor Jesucristo se identificó como el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6). Lo hizo así porque su misión (como verdad) era contra el engaño, y (como vida) contra la muerte. Él es –ayer, hoy y siempre– la verdad que ilumina y salva a las almas del engaño y de la muerte, dos males que sólo pueden ser contrarrestados con la presencia de un enviado de Dios en la tierra.

El nacimiento de Cristo fue especial por su misión, como lo es también el de todos los siervos de Dios elegidos con Elección santa, entre ellos el del apóstol Naasón Joaquín, quien nació para el desempeño de una misión espiritual el 7 de mayo de 1969. Este suceso memorable tuvo lugar en Guadalajara, Jalisco, la ciudad donde la madrugada del 8 de diciembre de 2014 fue llamado por Dios al apostolado.

Justamente, en esa urbe tapatía tuvo lugar un tercer suceso de grata memoria para la Iglesia de Cristo: el 14 de diciembre de 2014, el Dios que eligió y llamó al apóstol Naasón Joaquín, quiso manifestar la Elección de este elegido suyo a la totalidad de los fieles de la Iglesia, quedando cincelada perennemente en el corazón de todos ellos.  

Hasta el día de hoy, nada ni nadie ha podido destruir los sentimientos de amor que ligan a los fieles de la Iglesia con el apóstol de Jesucristo. Y no han podido porque Dios hizo una obra perfecta, capaz de resistir los más fieros embates del mar. Para quienes se asombran y preguntan, esta es la única explicación a la capacidad de resistencia de La Luz del Mundo, una Iglesia que sigue firme contra viento y marea, que no ha podido ser destruida por los misiles mediáticos que contra ella han sido dirigidos, que permanece indisolublemente unida en torno a la Elección del enviado de Dios.

Concluyo señalando que la Iglesia de la cual hablo es la que Dios prometió engrandecer mucho más en la presente administración apostólica, la misma que el día de hoy se regocija en 60 países del mundo por el nacimiento del apóstol Naasón Joaquín.



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