Adiós a Chirac

 La  muerte del ex presidente de Francia, Jacques Chirac, abre en canal una vieja herida que supura con pus en una Europa que no ha logrado sacudirse el espectro de los nacionalismos y los viejos extremos.

            Hoy  la nación gala amanece de luto nacional decretado por el presidente francés, Emmanuel Macron, en señal de respeto por la figura política que ha partido de este plano terrenal.

            Banderas a media asta, libro de condolencias en el Elíseo, una misa católica en Saint Sulpice, Macron reaccionó inmediatamente apenas enterarse del fallecimiento de Chirac el jueves 26 de septiembre, no perdió la ocasión de dar un mensaje televisado exaltando “a un gran francés”.

            “Entra en la historia y nos hará falta a todos. Él luchó por una Europa de los hombres, veló siempre por la unidad y la cohesión contra los extremismos amenazantes”, señaló el delfín del Elíseo.

            Aquejado por una larga enfermedad, el ex mandatario era admirado y querido en diversas partes del mundo, en México se han dado hondas muestras de amistad “al estadista y al amigo francés”.

            Hasta contrincantes de la ultraderecha más recalcitrante como Marine Le Pen mostraron su reverencia “él tuvo la inteligencia  de apartarse de la locura de sumarse a la guerra de Irak”.

            En España, el presidente en funciones, Pedro Sánchez  señaló que se marcha un gran líder que marcó la política europea y “se le echará de menos en estos tiempos complicados”.

            Se le reconoce como el último gaullista no se le omiten todo sus pecados políticos así como en lo personal, algún biógrafo lo tachó del “don Juan de la política” también    lo era en privado.

            Fue dos veces presidente de la República de Francia, de 1995 a 2007, pero tuvo otros cargos políticos: “Alcalde de París (1977);  presidente de la derecha gaullista Unión por la República (RPR); primer ministro en dos ocasiones de 1974 a 1976  y entre 1986 y 1988, periodo de la primera cohabitación con el socialista François Mitterrand”.

A COLACIÓN

            Chirac vio nacer el mundo nuevo, el del siglo XXI, toda su vida fue un hombre hecho a la vieja usanza del siglo pasado,  estaba cortado a la medida de su traje azul.

            Él dijo que no a la guerra de Irak, esa misma locura a la que se sumaron como tarados Bush, Blair y Aznar, esa estupidez que fragmentó un país y que empoderó la creación del Estado Islámico, permitió que Al Qaeda con la ayuda de la CIA, una parte se escindiera para formar el ISIS… ese mismo espectro maldito que hoy en día amenaza con dinamitar a las democracias occidentales a base de terrorismo.

            Le tocó atestiguar los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 que se convirtieron en un parteaguas de la geopolítica, alterando el orden internacional en la aldea global.

            Chirac ha tenido sus pecados políticos como todos, pero podemos decir que se ha marchado por la puerta grande, honorado por todas las fuerzas políticas de su país y reconocido internacionalmente.

            Van muriéndose los políticos de la vieja guardia, y no se ve por ningún lado que emerjan figuras con un sentido estadista, los que tienen cierto atisbo enfrentan enormes dificultades lo observamos en el caso de Macron que va gobernando con la dinamita bajo el brazo porque los #ChalecosAmarillos dejan sentir su ira contra el Elíseo en las calles.

            Otro  es el presidente de España, Pedro Sánchez, quien sigue en funciones y va camino de las cuartas elecciones generales en cuatro años. Su nueva cita electoral será el próximo 10 de noviembre. El mundo está urgido de estadistas,  de gente que ame la política y el servicio público así como el deber nacional, Chirac se va, ya deja su legado. Adiós al último gran clásico de la política francesa

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales



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