Fátima

Sociedad y Derecho

Soy padre de tres hijas, las cuales son mi adoración. No imagino ni por poco, el dolor de la madre de la pequeña Fátima, el insoportable y terrible sufrimiento de saber que su hijita, su pequeña de siete años, ya no estará más con ella ¡y lo peor!, la horrible forma en que murió, asesinada, torturada y presuntamente violada.

Al escribir estas líneas siento como se enardece mi sangre, por la tristeza, la angustia, el coraje, pero, sobre todo, por la impotencia de ver como es que nuestras autoridades son incapaces de garantizar tan siquiera el mínimo de seguridad, sobre todo en tratándose de nuestras niñas, niños y adolescentes, quienes son el grupo más vulnerable de todos.

Escucho a nuestros dirigentes proponer que se elimine del Código Penal la tipificación del delito de Feminicidio, lo cual me parece un disparate, pues sin importar las razones que da la Fiscalía General de la República, en cuanto a que de esa manera será más sencilla la acreditación de los elementos del cuerpo del delito y la presunta responsabilidad de los acusados, lo cierto es que la hipótesis normativa de este ilícito, tal y como está en la actualidad, representa, no sólo el castigar al que prive de la vida a otro, sino al que lo haga por motivos de odio y degradación hacia la mujer. ¿Quieren mejorar la técnica para la persecución más eficiente de este delito? Hagan las modificaciones pertinentes en el texto de este ¡Pero no lo eliminen!

Es espantosamente aterrador el desinterés mostrado por las autoridades, quienes todavía retardaron el inicio de la búsqueda de Fátima durante 24 horas. ¡Se trataba de una niñita de siete años! ¡No de adolescentes que podían estar con los amigos o novias, como muchas veces lo asumen para no iniciar las investigaciones! ¡Una pequeñita de siete años no debía estar ni diez minutos desaparecida!

Las declaraciones de nuestro presidente en la mañanera, en las que presume de tener tranquila su consciencia, minimizando los delitos de Feminicidio, dando mayor importancia mediática a rifas absurdas e intentos de distractores tontos que prácticamente a nadie engañan, resultan en un insulto, sobre todo para la familia de Fátima, pero también para todos los mexicanos sin excepción.

Nada puede traer de vuelta a nuestra pobre Fátima ni a ningún otro niño que haya pasado por lo mismo y que en su mayoría desconocemos. Lo único que podemos hacer es evitar que siga sucediendo. Dejemos a un lado la inercia, actuemos, como sea, como podamos y desde donde estemos, lo importante es que hagamos algo, que aportemos nuestro granito de arena. Descansa en paz pequeña Fátima.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y sobre todo de utilidad ¡Hasta la próxima!



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