La decadencia de las escuelas normales


El drama que viven las escuelas normales cada día es peor. Mucho se habla sobre la pertinencia de la educación, el presupuesto justo y los derechos y obligaciones de las instituciones o los propios estudiantes. Como discurso, el Plan de Estudios para las distintas licenciaturas es excelente, sin embargo dista mucho de la realidad su aplicación. La función docente y directiva de estas instituciones dista mucho de ser organizada y encabezada por la figura de un líder fuerte, capaz y preparado.



Uno de los acontecimientos fundamentales que viven infinidad de alumnos es el hecho de que en clases se les enseña tópicos de la educación que tienen que ver con el discurso educativo, pero que a la hora de aplicarlos en la vida práctica son sólo palabras que deben de ser sustituidas por las viejas prácticas escolares. Tal es el caso de la planeación, la selección de recursos y la evaluación. A este punto, se puede agregar que la evaluación en las escuelas es un mecanismo para determinar el grado de avance del educando respecto al punto donde empezó. Sin embargo, en la escuela normal se cae cada vez más en el desprestigio de los modelos de evaluación, pues se tienen de asignar calificaciones de cero a diestra y siniestra por parte de una persona que cuenta con maestría en educación, con experiencia comprobable en el ámbito educativo en un colegio de la ciudad y que es personal docente de una de las universidades del estado. Esto deja mucho que desear en cuanto a la necesidad de aplicar nuevos modelos de educación, pues por un lado se leen y revisan nuevos modelos de la práctica docente y por otro se le enseñanza a los normalistas a ser severos con su propio trabajo. Es vergonzoso que una titular altamente calificada para ejercer de docente de una escuela tan significativa en la ciudad acabe con el prestigio de la profesión docente, más aun que de argumentos a los normalistas para ser ellos quienes evalúen con viejas prácticas que nada tienen que ver con los nuevos modelos que tan necesarios son en nuestro país.



Otro punto de esta “docente” es su capacidad para denigrar a sus colegas del centro y para menoscabar la autoridad directiva. Con argumentos tales como “no pienso ni quiero trabajar con gente mediocre”, “ella no sabe” , “es muy blanda con sus evaluaciones” se libra por decirlo de alguna forma de trabajar en conjunto con un equipo de trabajo, que para empezar fue parte del personal docente que le formo con licenciada en educación primaria, con el cual ella tiene el mismo estatus y nivel, pues uno de los principales valores de la educación es el trabajo en equipo y la apertura mental para respetar y aceptar las ideas de los demás. Aunque lo realmente preocupante es su capacidad, como ya se dijo, para denigrar y de esa forma hacer prácticamente su voluntad en lo que ella considera su trabajo, dejando de lado la autoridad que tiene la dirección de la institución para decidir las funciones del personal.



Por otro lado, es denigrante que a punto de terminar el semestre en curso, no se cuente con la lista de pagos para los alumnos que cuenta con el apoyo de becas. En la dirección de educación de la cabecera estatal se dice que el recurso está asignado a las instituciones sin embargo no se cuenta con la respuesta de la escuela para con sus alumnos. Es una situación que deja desprotegidos a estudiantes que de verdad necesitan ese recurso y que es de vital importancia para su sustento durante el transcurso de su educación superior. Ello también da cuenta de que tan pobre es la gestión con la que cuenta la propia institución docente, que al parecer está más preocupada por cumplir caprichos infantiles de su personal que por cumplir en tiempo y forma con sus alumnos, dejándolos indefensos ante las circunstancias que viven día a día en la escuela normal.



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