La Mente de un Dictador

La Mente de un Dictador

Ana María Reynoso Añorga

Psicoterapeuta

HOLA AMIGAS Y AMIGOS:

Es un placer estar con ustedes a través de esta columna “Frente al Espejo”.

El tema de hoy es: “La Mente de un Dictador

En treinta y dos países aproximadamente, la población no puede ejercer sus derechos fundamentales y está sujeta al poder de un único partido, o en la mayoría de los casos, a la voluntad de una persona que dirige a los ciudadanos a su antojo.

Por los caminos de la historia han pasado hombres que han dejado una huella autoritaria indiscutible. Desde Julio César, pasando por Robespierre, Napoleón, Mussolini, Franco, Stalin, Lenin, Hitler, hasta llegar a Sadam Husein y Gadafi. Cada uno impuso su propio estilo y fue responsable de abusos, y en muchos casos, de atrocidades. ¿Tenían algo en común estos dictadores? ¿La mente de un gobernante autoritario funciona de manera diferente?

Según ciertas teorías, los dictadores padecen de algunos trastornos. Una de las causas es el gen denominado AVRP1, este gen regula la capacidad de ser generosos con los semejantes, este gen ellos lo tienen más corto respecto al resto de seres humanos. Este gen está asociado a la secreción de una hormona llamada vasopresina, esta es la responsable de la creación de vínculos sociales y afectivos, según un estudio la Universidad Hebrea de Jerusalén, Richard P. Ebstein, quien dirigió la investigación, supone que en los dictadores se genera poco placer en los centros de recompensa del cerebro al cumplir acciones altruistas.

Jerrold Post, director del programa de Psicología Política de la Universidad George Washington sostiene que a menudo muchos dictadores sufren de trastorno límite de personalidad, es decir que se encuentran en la frontera entre la neurosis y la psicosis. “Son individuos que pueden funcionar de manera perfectamente racional, pero en determinadas condiciones de estrés superan el límite, sus percepciones se distorsionan y esto se refleja sobre sus acciones. Esto suele ocurrir cada vez que pierden elecciones o incluso cada vez que ganan. Y el único público que cuenta para ellos, son ellos mismos”.

James Fallon, neurocientífico de la Universidad de California, dice que los dictadores son carismáticos, mentirosos, manipuladores, de excelente memoria, abusivos y simuladores, “su mente tiene más inclinación a odiar que a matar, por eso no siempre son asesinos en serie, afortunadamente, sólo una persona entre 50,000 reúne este tipo de características”. En su opinión estas personas sufren un desajuste cerebral: tienen la amígdala subdesarrollada y esto afecta a sus niveles de satisfacción. “Padecen una disfunción en la glándula que regula el miedo, la rabia, el historial emocional y el deseo sexual”, sostiene el neurocientífico.

A finales de los años sesentas el psicólogo Gustav Bychowski publicó el libro “Psicología de los dictadores” en el que tras describir los rasgos de personalidad de diferentes políticos autoritarios, llegaba a la siguiente conclusión: ciertos factores psicológicos colectivos favorecen el ascenso de la dictadura. La obediencia y la sumisión ciegas a una autoridad  son posibles únicamente cuando el pueblo se siente debilitado por su propio yo, y renuncia a la crítica y a la independencia conquistadas previamente. Ese debilitamiento puede manifestarse bajo el influjo de la ansiedad, el temor y la inseguridad. En tales circunstancias, el yo colectivo dirigido por su sentimiento de impotencia, regresa a una etapa infantil, y busca ansiosamente ayuda, apoyo y salvación. Así, el grupo confía en este individuo y lo venera, del mismo modo que el niño ingenuo confía en el padre y le confiere poderes mágicos. Por lo tanto, envuelve a la persona del líder en un aura de mitología. Para ellos el dictador es como la encarnación de sus propios ideales y deseos, la realización de su propio resentimiento y su propia grandeza. Creen en las promesas del líder, pues le atribuyen omnisciencia y casi omnipotencia. Y es cuando el influjo del dictador sobre las masas recuerda el poder exhibido por un hipnotizador.

Las decisiones en las dictaduras son tomadas de manera arbitraria, desconociendo abiertamente el marco jurídico y el principio de separación de poderes. El dictador o la élite gobernante actúan de espaldas a la ley o dictan leyes a la medida a fin de perpetuarse en el poder.

Es muy importante que no recaiga todo el poder en una sola persona, los regímenes dictatoriales tienen una duración indeterminada. Es decir, no son concebidos para dar paso a una nueva generación política, sino que resisten en el ejercicio del poder el mayor tiempo posible.

Este 6 de junio ejerce tu voto con libertad, para poder seguir gozando de este país que hemos construido todos los mexicanos.

“La vieja práctica de los tiranos es usar a una parte del pueblo para tener sometida a la otra parte”

Thomas Jefferson



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