Sólo hormiga
Perspectiva
Uno de los argumentos más usuales que utilizo cuando trato de convencer a alguien de la importancia de la lectura es decir que sin leer, nuestra visión del mundo es sumamente reducida, como una hormiga que cree que todo lo que existe es alrededor de su hormiguero y no tiene la menor idea ni concibe el universo. Este argumento sé que es malo, insuficiente y carente de fuerza motivacional, pero me gusta, porque así es como veo a la gente que no lee, como una hormiguita trabajadora, yendo y viniendo en su breve, brevísimo espacio cotidiano.
El cuento, que es un género que me gusta mucho, siempre me lleva a territorios inexplorados, con perspectivas distintas de la vida que me han abierto el camino, este camino tan prejuicioso y etiquetado. Los prejuicios malditos los llevamos siempre con nosotros sin saberlo, son una forma común de ver la vida, porque así nos fue impuesto por herencias y tradiciones, pero el entrar al espacio de la literatura, esto nos conduce a asumir otras posiciones frente al mundo y eso, viene siendo, aún sin desearlo un ejercicio de libertad.
Es verdad que trato de convencer a la gente de que lea, pero nunca recomiendo libros, cada quién debe trazarse sus propias rutas, deambular y transitar , descifrar a veces -no siempre- pero siempre disfrutar, incluso ante el horror o el misterio. Leer es el mayor placer del mundo, decimos los lectores, ante la incredulidad de las hormigas.
Supongo que la poca atracción de la lectura, sobre todo de narrativa, tiene orígenes remotos y sicológicos, que nos traumaron el ADN. En la Francia del siglo dieciocho, el mismísimo Voltaire, se refirió a una novela recién publicada de una escritora que incursionaba en ese género, diciendo que “Las novelas son producciones de espíritus débiles que escriben sobre cosas indignas de ser leídas por espíritus sólidos”.
Un siglo después , en 1860, durante la “Edad de la Razón”, aún prevalecían ideas similares, el académico Duque de Rivas, decía que los libros “se habían convertido en la lectura más peligrosa y envenenada y el más seguro medio de corrupción y de trastornos mentales”.
Creo que quienes no leen ni cuentos, ni novelas, ni poesía, se están perdiendo de una parte muy importante de la vida, que están desairando un privilegio, un deleite, un prodigio que en mitad de tanto ruido existencial se convierta no sólo en un ejercicio de conocimiento sino de placer, incluso de un juego , un juego espectacular donde se recobra la palabra y se producen milagros, tomar contactos sin mediar tiempo ni espacio, con otros seres humanos.
Hay tantos argumentos para invitar a leer: Porque el ser humano ama las historias desde siempre, porque los libros afinan nuestra sensibilidad, porque mejoran nuestra educación sentimental, porque leer fortalece nuestra competencia lingüística, porque aprendemos a mirar mejor al mundo , porque encontramos en la literatura la plenitud que no tenemos en la vida real, porque leer nos enseña a ordenar la mente, porque añoramos los sueños y las palabras, porque los libros curan las penas, etcéteras y más etcéteras.
Cualquier argumento es bueno, yo leo porque sí, porque me da la gana y porque me niego, siempre me he negado, a ser sólo una hormiga.

