Todos somos México

Por: Dr. Porfirio Muñoz Ledo | 09/14/2019

Durante años he madurado un proyecto de reforma constitucional sobre la política exterior

del Estado Mexicano. Sostengo que en tiempos de globalización que han diversificado

exponencialmente las relaciones internacionales todos estamos implicados en ellas. Como

embajador solía inducir a los agentes diplomáticos y consulares, tanto como a los

funcionarios, hombres de negocios y compatriotas varios, a coordinar sus acciones a favor

del país. Les recordaba además que la conducta que guardasen en el exterior podría ser tal

vez el único referente que los extranjeros tuvieran de nosotros. En una palabra: Todos

somos México.

El Presidente López Obrador afirma que “la mejor política exterior es la interior”. Alude al

respaldo que nuestra acción en el extranjero debe tener en la fortaleza nacional. Ser

creíbles por nuestra congruencia –no luz de la calle y obscuridad de la casa-. Sólo es factible

irradiar aquello que se posee, lo contrario es patrioterismo de escaparate. Expresión con

que me referí a la exaltación de las Olimpiadas de 1968 para desvanecer la masacre de

Tlatelolco. Pienso que esta visión multidimensional debiera consagrarse en un capítulo de

la Constitución que sustituyera al inocuo artículo 89. Este faculta exclusivamente al

Ejecutivo Federal para establecer compromisos en el exterior. Lo que es obviamente valido

para la suscripción de tratados y convenciones, y para las relaciones con sus homólogos

que comprometen a la nación en su conjunto.

Desconoce sin embargo los vínculos entre gobiernos regionales y locales con sus pares de

otros países, por ejemplo las uniones interparlamentarias, las organizaciones de ciudades o

las redes ambientalistas -actores indispensables en el combate al cambio climático-. Por

añadidura el artículo antes citado reproduce con ligeros cambios los principios y

propósitos enumerados en la Carta de las Naciones Unidas, casi como un plagio vernáculo y

sin jerarquización alguna, cuando la mejor tradición diplomática mexicana –Isidro Fabela,

Luis Padilla Nervo, Alfonso García Robles y Jorge Castañeda padre- colocaron por delante la

autodeterminación de los pueblos.

Criterio semejante debiera regir nuestras relaciones con los Estados Unidos, en el

entendido de que toda acción externa –bilateral, multilateral, política, económica o social-

tiene por objetivo último reducir la inmensa gravitación de nuestro poderoso vecino sobre

el país. La comprobación además de nuestra grandeza civilizatoria. Hemos pregonado ad

nauseam la diversificación de nuestras relaciones, pero la hemos cumplido con parquedad.

En África tenemos sólo 8 embajadas a diferencia de Cuba y de Brasil que han implantado

más de una treintena y es muy rala nuestra presencia en el Oriente Medio, Europa del Este

y Oceanía, y por desgracia menguante en América Latina y el Caribe. Nuestra capacidad de

exportación es raquítica y somos deficitarios con todas las regiones del mundo salvo con la

Unión Americana, con cuya economía estamos imbricados.

Sostenemos una diplomacia bifronte. Cerca de 60 consulados en América del Norte y 80

embajadas en el mundo. Estas últimas apuntalan nuestro despliegue en las Naciones

Unidas y son vehículo para la afirmación de nuestros principios. El Canciller Ebrard ha

dicho que “nuestro país tiene el respaldo mundial para encabezar la contienda en contra de

la xenofobia, el racismo y los crímenes de odio”. Anuncia además la recuperación de

nuestro liderazgo entre los países en desarrollo. Añadiría que México tiene las condiciones

para ser el más influyente país en los Estados Unidos. La prioridad es sin duda defender la

integridad y los derechos de nuestros paisanos y sus descendientes, que para el año 2050

serán la tercera parte de la población total de ese país.

A pesar de las presiones trumpistas estamos obligados a intensificar nuestro apoyo

solidario a las etnias mexicanas y elegir representantes de esas comunidades en el

Congreso mexicano. En esta tarea debieran concurrir todas nuestras instituciones. Me

pregunto ¿qué ocurriría si cada universidad o establecimiento de educación superior

–público o privado- tuviera un campus en importantes ciudades norteamericanas? Hay

estados compuestos de varias naciones y naciones que se extienden a varios estados.

México es una nación extraterritorial. Nunca lo olvidemos.



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