“El piso se mueve”

El piso sobre el cual caminamos pareciera ser algo imposible de mover. Sin embargo, este
se encuentra en movimiento desde hace millones de años, desde que este mismo existe.
La tierra se formó varios cientos de millones de años después que nuestro sol naciera,
desde entonces nuestro planeta ha estado en un perpetuo estado de cambio, dentro de los
cambios más comunes se encuentran las placas tectónicas. Estas son la forma en la que las
capas externas de nuestro planeta se dividen. Debajo de estas rígidas capas, que llegan a
tener 50 km de profundidad, se encuentran cientos de kilómetros de material viscoso se
mueve sin cesar debido a movimientos de convección -el material más caliente sube, y el
frío baja-.
Antiguamente, en las primeras etapas de la Tierra, las placas tectónicas estaban
acomodadas de tal forma que lo que conocemos comúnmente como “continentes” estaban
aglomerados en grupos de “supercontinentes” que, a través de movimientos de cientos de
millones de años, cambiaban su estructura. Algunas causas interesantes de esto es el
hallazgo de fósiles de una misma especie de animales prehistóricos en distintos puntos
transatlánticos del planeta.
Estos movimientos son estudiados desde hace décadas por científicos de todo el mundo,
sin embargo hasta el día de hoy los datos son claros: no es posible predecir el cuándo,
dónde y con qué magnitud exacta ocurrirá un movimiento telúrico.
Días después del terremoto del 17 de septiembre en el centro del país, múltiples
charlatanes comenzaron a adjudicarse conocimientos sobre predicción de futuros sismos.
Su sed de ganar un estatus de visibilidad en la sociedad, aunque sea uno construido en
mentiras y pánico, los impulsaba a buscar posicionarse dentro de los medios de
comunicación para allí hacerse de un ávido público. ¿Necesitamos caer ante estas
personas, con tal de tener alguna seguridad ante la nula capacidad de predicción de estos
desastres naturales?
Como seres de conocimiento, y con una enorme curiosidad, ansiamos saber sobre los
patrones que existen en la naturaleza, más si estos patrones nos pueden ayudar a salvar
nuestras vidas, así como la de las personas que amamos. Caer ante las promesas y
soluciones de entidades de baja complejidad y conocimiento absoluto satisface estas
necesidades de forma total, aún cuando muy dentro de nosotros podamos estar dudosos de
la veracidad de sus palabras.
Es nuestra responsabilidad estar informados, pero parte de esta misma responsabilidad
conlleva la de ser críticos con aquella información que adoptamos y compartimos; tal vez
los chismes de la cuadra, cuya veracidad nunca comprobamos, solamente sirvan para
entretenimiento esporádico, pero al tratarse de datos que pudiesen atentar en contra de
nuestro bienestar psicológico y seguridad familiar, debemos de estar seguros de que hemos
obtenido la información de fuentes confiables.
El Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE)
cuenta con su división de “Ciencias de la Tierra”, la cual tiene como parte de su misión la
investigación de ciencias aplicadas en el área de Sismología. A través del esfuerzo y
colaboración entre decenas de investigadores y desarrolladores científicos es que las
mediciones en tiempo real de distintos puntos del planeta convergen en múltiples
monitores dentro de sus laboratorios. Estos estudiosos y expertos, que han dedicado sus
vidas al desarrollo y aplicación de tecnologías para innovar las formas de comprensión de
la Tierra, saben que el tarot, o ver un huevo crudo a contraluz, no es compatible con el
estudio objetivo y repetible de la naturaleza.
En lugar de vivir nuestros días con miedo y preocupación incesante, propagando nuestras
falacias de terremotos catastróficos con cada persona con la que tenemos contacto alguno,
¿Por qué no mejor vivir preparados? Contar en casa con kits de emergencia, así como
víveres no perecederos; conocer perfectamente las rutas de emergencia en nuestras
escuelas y oficinas, así como los puntos de reunión; hacernos con, al menos,
conocimientos básicos de primeros auxilios avalados por instituciones médicas, entre
otros. Porque aunque no podamos predecir con absoluta fidelidad el cuándo, dónde y con
qué magnitud exacta ocurrirán estos movimientos, siempre podemos estar listos para lo
peor, pero esperando lo mejor.



