El honor de las empresas

¿Sabía Ud. que las empresas tienen derecho al honor y, que

cuando éste es dañado, aquellas pueden demandar y obtener una

reparación económica?

Queda claro para todos nosotros que, como personas físicas,

somos titulares del derecho al honor, cuyo reconocimiento es una

consecuencia de la afirmación de la propia dignidad humana.

Recordemos que nuestro sistema jurídico considera personas

(jurídicas o morales), a las empresas legalmente constituidas, las

cuales, como tales, son sujetos de derechos y obligaciones.

Cuando hablamos de personas jurídicas o morales (empresas), el

derecho al honor no queda tan claro como en el caso de las personas

físicas, pues de inicio, las primeras carecen de sentimientos, al ser un

producto jurídico (humano) y no de la naturaleza.

Aún más, sí lo analizamos desde un punto de vista “objetivo”,

podemos considerar y definir válidamente al “honor” como: “la buena

reputación”.

Las empresas necesitan gozar de buena reputación para generar

confianza en la sociedad y logar así la realización del objeto social para

el que fueron creadas.

Las empresas son creadas por personas físicas para la obtención

de fines determinados, que de otra forma no se podrían alcanzar, de

modo que constituyen un instrumento al servicio de los intereses de las

personas que las formaron.

Por ello, parece lógico, y hasta necesario, sostener que “el derecho

al honor no es exclusivo de las personas físicas”, puesto que las

personas morales “evidentemente gozan de una consideración social y

reputación frente a la sociedad”.

Tendrá mejor reputación, y por tanto será mejor vista por la

sociedad, una empresa de la que se digan cosas buenas.

Esta sociedad, gracias a su buena fama o reputación, tendrá

mejores probabilidades de subsistir y lograr el objetivo para el que fue

creada, generando así confianza con quienes interactúa y que son

necesarios para lograr el fin para el que fue creada.

Las personas jurídicas deben ser titulares de aquellos derechos

fundamentales que sean acordes con la finalidad que persiguen, por

estar encaminados a la protección de su objeto social, así como de

aquellos que aparezcan como medios o instrumentos necesarios para la

obtención de dicho objetivo.

Es en este ámbito que se encuentra el derecho al honor, pues el

desmerecimiento en la consideración ajena sufrida por determinada

persona jurídica, conllevará, sin duda, la imposibilidad de que ésta

pueda desarrollar libremente sus actividades, encaminadas a la

realización de su objeto social o, al menos, una afectación ilegítima a su

posibilidad de hacerlo.

En consecuencia, las personas jurídicas también pueden ver

lesionado su derecho al honor a través de la divulgación de hechos

concernientes a su entidad, cuando otra persona la difame o la haga

desmerecer en la consideración ajena.

Es así como las empresas, cuyo honor haya sido dañado, pueden

ejercitar la acción de daño moral, reclamando, y eventualmente

obteniendo, la reparación económica por el desprestigio sufrido.

Como siempre es un placer saludarlo, esperando que estas pocas

letras hayan sido de su agrado, y sobre todo de utilidad ¡Hasta la

próxima!



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