Sociedades unipersonales

El término sociedad, proveniente del latín “societas”, se refiere a la unión o alianza de una agrupación o conjunto de seres vivos que viven en comunidad.

Por su parte, se entiende por “sociedad mercantil” a la personalidad jurídica que se crea para iniciar una actividad económica con ánimo de lucro.

Tradicionalmente, para la constitución de una sociedad o empresa, dos o más individuos se agrupaban, según la legislación mercantil vigente, convirtiéndose de esta manera en socios, para desempeñar una actividad económica y de explotación con la meta obtener utilidades.

De manera tal que, el principal motivo para constituir una sociedad mercantil y no realizar una actividad económica de forma individual, era la de crear una “relación entre los socios a partir de la cual cada uno podía aportar los recursos según sus capacidades, así como sus conocimientos y habilidades, para la consecución de los objetivos de la sociedad.

Todo eso vino a cambiar el 20 de enero de 2016, cuando la Comisión de Economía de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión aprobó la minuta con el proyecto de decreto por el que se reformaron y adicionaron disposiciones de la Ley General de Sociedades Mercantiles, a través del cual se creó la figura de la “Sociedad por Acciones Simplificada” o “Sociedad de una sola persona”.

La Sociedad por Acciones Simplificada es un tipo relativamente nuevo de sociedad mercantil, creada para constituir una micro o pequeña empresa a través de Internet, teniendo como objetivos: eliminar la informalidad, simplificar la constitución de empresas, constituir un nuevo régimen societario formado por uno o más accionistas, instaurar un proceso de constitución administrativo con todos los efectos legales correspondientes, y fomentar el crecimiento de estas compañías para que adopten en el futuro formas más sofisticadas de operación y administración.

Estas tipo de sociedad que puede estar integrada por un solo socio, no obstante, lo contradictorio que pueda ser desde el punto de vista de su naturaleza doctrinaria, su existencia en la realidad, tanto en México como en el derecho extranjero norteamericano, inglés, francés e italiano, entre otros, es evidente e innegable.

Las Sociedades por Acciones Simplificadas o “SAS”, si bien se implementaron como un intento de buscar dar solución en lo posible a la problemática existente en nuestro país en lo referente a costos notariales, pagos de derechos e impuestos, tiempos de constitución, escoger al socio correcto, limitar la responsabilidad del o los accionistas hasta el monto de sus aportaciones, etc., ha presentado algunos inconvenientes, tales como: la omisión de corroborar exhaustivamente la identidad del o los accionistas, al depender únicamente de la identificación electrónica para abrir la empresa, del mismo modo, no otorga medios para que el contribuyente pueda refutar su consentimiento en cuanto al uso de su firma electrónica, también carece de blindaje contra la comisión de delitos, limitando la acción de la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita, por lo que puede llegar a vulnerar la seguridad jurídica y abrir una ventana de oportunidad para la creación de empresas fantasmas.

La realidad es que la constitución de las SAS no es gratuita, pues se debe pagar un derecho, por lo que sólo se traslada el costo de la apertura de éstas al erario público.

Otro factor importante a tomar en cuenta de las SAS que podría llegar a ser perjudicial, es que deja de lado la orientación especializada del fedatario público, tanto de notarios como de corredores, lo que puede potencializar la toma de decisiones incorrectas y costos posteriores para quienes decidan emprender un negocio.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y sobre todo de utilidad ¡Hasta la próxima!



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