Thunberg y el clima

Por la espiral

Ella padece Asperberg, ni siquiera tiene la mayoría de edad, pero se ha convertido ya en uno de los símbolos  emblemáticos de la lucha contra el cambio climático: su nombre es Greta Thunberg.

            Recién cruzó el Atlántico en un velero porque ella rechaza la contaminación provocada por los aviones, la adolescente sueca es todo un icono de la juventud de la denominada Generación Z.

            También tiene sus detractores, hay quienes la criticaron por montarse en un velero de Pierre Casiraghi, uno de los hijos de Carlota de Mónaco, aficionado a navegar y que cuenta con la experiencia de cruzar varias veces el Atlántico: él se ofreció para llevar a la chica hasta Nueva York,  el propósito era llamar la atención de la prensa internacional, previo al arribo de la joven activista a las cumbres de la ONU sobre Cambio Climático y Sanidad Universal.

            El valor de Thunberg, de cada viernes postrarse enfrente del Parlamento de su país, inspiró el movimiento europeo #FridaysForFuture que luego se convertiría en tendencia global porque millones de estudiantes la han secundado con protestas masivas.

            De allí han surgido otras ideas y acciones como los lunes sin consumir carne que los jóvenes europeos enarbolan como una urgencia para reducir su respectiva huella ecológica, al menos en la emisión de CO2. 

Las nuevas generaciones están dispuestas a llevar a cabo una revolución verde pacífica en la que el cambio drástico de los hábitos alimenticios y de la actual forma de vida quedará totalmente trastocado.

            Thunberg es la cara más visible de ese nuevo paradigma, también de esa ira contenida y de la frustración, porque muchos como ella sienten  que sus padres y otros mayores no han hecho lo suficiente por evitar que el mundo se encuentre en el punto de no retorno.

Hay un agrio reproche generacional que la adolescente europea aprovechó para trasladar con frialdad y palabras certeras durante su intervención estrella en la inauguración de la cumbre sobre el clima en Nueva York.

Ella relató un discurso ácido y claro  en presencia de 60 líderes mundiales  y decenas de empresarios de multinacionales, muy a pesar de las ausencias notables de los líderes de China, Rusia y Estados Unidos.

“Yo no debería estar aquí, debería estar en la escuela del otro lado del océano, aun así  nos piden esperanza a los jóvenes… cómo se atreven, me han robado mis sueños, mi infancia con sus palabras vacías”, soltó irónica.

Al borde de las lágrimas, Thunberg afirmó melancólica que “la gente está sufriendo, la gente se está muriendo, los ecosistemas completos están colapsando”; al tiempo que afirmó ante los líderes convocados que “estamos enfrentando una gran extinción” mientras la gente solo habla de dinero.

A COLACIÓN

Su participación fue una de las más esperadas sobre todo porque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, además  representante del país anfitrión (el emblemático edificio de Naciones Unidas está en Nueva York) decidió no escuchar ni el discurso inaugural de António Guterres como un desdén a los organismos representantes del multilateralismo ni tampoco prestó atención al de Thunberg como un desprecio a las teorías del cambio climático y sus activistas que el mandatario estadounidense considera “un cuento chino”.

En voz del secretario General de la ONU, la naturaleza “está enfadada y nos engañamos si pensamos que podemos engañar a la naturaleza”, Guterres en su discurso inaugural aprovechó para recordar que el mes de julio pasado registró las temperaturas “más altas de la historia”.

“Todo tiene un costo, pero el mayor costo es no hacer nada; el mayor costo es seguir subsidiando a la industria de combustibles fósiles y construir más plantas de carbón. Es tiempo de pasar los impuestos sobre salarios al carbón y tasar la contaminación”, dijo convencido.

Las Naciones Unidas están  a favor de virilizar los fondos verdes para el clima, de que  los países desarrollados movilicen anualmente más de 100 mil millones de dólares para ayudar a los países menos desarrollados a descarbonizar sus respectivas economías.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales 



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