Travesuras de Lucas

Los publicanos eran despreciados por el pueblo de Israel; colaboracionistas con el gobierno romano. Estos judíos se encargaban de recaudar impuestos exorbitantes determinados por la administración fiscal centralizada en el entonces ombligo de la civilización occidental.

Los fariseos, por el contrario, eran una casta de doctores de la ley, juristas, “influencers” de la vida comunitaria. Veían muy abajo a todos los demás, principalmente a los publicanos. Los notarios somos publicanos, auxiliares del fisco en la recaudación de varios impuestos: ISR, IVA, ISABI.

Muchas personas piensan que los notarios son muy caros. Habiendo más competencia, afirman, sus servicios (considerados estos implícitamente como un mal necesario), resultarán más baratos.

Los notarios no fijamos el importe del honorario, ni éste se determina por el mercado, como otros servicios. El arancel del notario lo impone el Ejecutivo estatal. Toma en cuenta el costo de operación, oficina, protocolo, fianza, avisos, personal, materiales, etc. En un comparativo de aranceles, el de Baja California es significativamente más barato que en otras entidades, sobre todo en los actos más comunes: poderes, testamentos, sociedades, etc. El arancel notarial es mucho menor que lo que cobran corredores inmobiliarios, abogados corporativos, penalistas y laboralistas, ya no se diga cirujanos plásticos.

Ahí están los datos: la mayoría de los notarios fallecidos en los últimos 20 años en Baja California, han terminado con un balance final de modestia benemérita.

Extrañamente, algunos funcionarios que tienen relación con los notarios, se tornan hostiles (lo hemos experimentado varias veces), sin percatarse que los notarios somos auxiliares y colaboradores de la administración, sea cual fuere: roja, azul, anaranjada o guinda. Esta mala imagen y peor tratamiento viene de una incorrecta apreciación desde arriba y se transmite por mimetismo hacia niveles inferiores, o bien, se alimenta por envidia y se distorsiona hacia arriba.

Fuera de los actos protocolarios, donde se derrama la miel de la colaboración y coordinación, el verdadero trato oficial con los notarios se manifiesta hosco. Alguna vez nos enteramos que al pedir, reiterada e infructuosamente, una cita con alto funcionario, su secretario particular, cual lector del pensamiento, externó: “Ahí andan los notarios queriendo ver al licenciado. No los vamos a recibir, ya sabemos lo que quieren.”

En otro pasado gobierno estatal, la persona que hacía extraoficialmente de enlace con el notariado, dijo por ahí: “los notarios creen que se eliminarán los contratos privados; al contrario, vamos a subir más el umbral.” Dicho y hecho. ¿Quién pierde? ¿los notarios? No; pierde el ciudadano, que tiene que soportar inseguridad y pierde el fisco que en los contratos privados no recauda nada.

Dicen que los notarios se resisten a que haya más notarías, que son un gremio cerrado. Nada más falso; jamás nos hemos opuesto a que se abran notarías. Nos oponemos a que las ocupen personas con dudosa calificación, sin examen de oposición y por asignación directa, inequitativa, que no asegura calidad, sin querer por ello decir que toda asignación directa es errónea. Es el mismo fundamento de las licitaciones de obras como garantía de equidad y calidad, así como cierto freno a la corrupción. Por ello se estableció el Instituto de Capacitación y Actualización Notarial (ICAN), que desde hace 15 años prepara abogados para presentar exámenes de aspirante y titular, así como actualizar conocimientos a la velocidad que exigen los cambios legales y fiscales.

Viene a cuento la siguiente irrespetuosa paráfrasis: Lucas 18:9-14

9  A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: 10  Dos hombres subieron al templo a orar: uno era funcionario; el otro, notario.

11  El funcionario, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: “Dios; te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros; menos como ese notario, recaudador de impuestos, que hasta tiene que afianzar su desempeño por los daños que ocasione.”

12 “Acudo a desayunos tres veces a la semana, doy diezmos al partido de casi todo lo que gano, salvo la compensación. Voy a las giras del jefe. Uso el automóvil oficial con discreción. Estoy al día en la terminología oficial en mis declaraciones: “sinergia”, “transparencia”, “reingeniería”, “condenas enérgicas”, “temas”, “ejes”. Mi imagen pública está fortalecida y me auguran un futuro promisorio.”

13  Mas el notario, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “Dios; sé propicio a mí, pecador. No he logrado aprenderme las últimas reformas fiscales y de lavado de dinero. Ando abrumado por los avisos al SAT, a la UIF, a la SE, a la SRE, al RAN, al RPP, a CATASTRO, al Archivo de Notarías. Solamente contribuí con lo que pude a la Cruz Roja, al DIF, al CRIT. Únicamente alcancé a hacer 100 testamentos a medio precio y nomás fui a cinco miércoles ciudadanos. No pude acudir a la pasada Jornada Notarial Nacional. No he podido comprar los últimos libros sobre Lavado de Dinero y Fideicomisos.”

14  Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.



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