Conformismo total

Como “la felicidad”, ni existe en este mundo, ni sé, de qué, nadie haya podido definir este estado “perfecto”; deduzco que el máximo estado pudiera ser el que reflejo en mi titular de hoy. ¿Pero cómo definir ese estado en el maremágnum que existe dentro de cada ser humano, o “mono humano”, de este planeta? Como yo tampoco sabría definirlo o explicarlo, mejor copiarlo de uno de los más destacados sabios filósofos de nuestra civilización “greco-romana”; puesto que si éste (que fue Marco Aurelio) no llegó a la plenitud de ese estado anímico del ser humano, considero que debió llegar a aproximarse mucho, muchísimo y por lo que escribiera, en el momento en que se sintiera o creyera vivirlo, intuirlo o imaginarlo: veamos.

                                “¡O alma mía! ¿Vendrá un día que tú seas buena e inocente, siempre lo mismo y completamente desnuda, todavía más al descubierto del cuerpo que te envuelve, un día en que tú no experimentes sino sentimientos de afecto y amor? ¿Vendrá un día en que te halles plenamente satisfecha, sin ninguna necesidad y sin ninguna pena, en que tú no desees nada, ni animado ni inanimado, donde no encuentres alegría, nada, ni el tiempo para que los placeres sean más largos, ni un lugar o país preferido, o un aire más dulce para respirar o una sociedad más adecuada a tus gustos; sino, al contrario, amoldándote a tu situación te gustaría todo cuanto existe, persuadida de que tienes todo lo necesario, que todo va bien para ti, que no hay nada que no venga de los dioses, que todo cuanto quieren mandar y lo que mandarán no puede ser sino bueno para ti y en general para la conservación del mundo, este ser animado que es en todo perfecto, bueno, justo, hermoso, que produce, abarca, contiene todos los demás seres y recibe en su seno a todos cuantos se disuelven para reproducir otros semejantes? ¿Vendrá un día en que tú puedas vivir ante los dioses y ante los hombres sin proferir una sola queja contra ellos y sin que puedas ser mal visto?

                                Observa lo que exige tu naturaleza, como ser sometido a la naturaleza vegetativa, y también confórmate y déjate llevar de sus exigencias, con tal que tu naturaleza sensitiva, como animal, y que no deseches ninguna de sus exigencias, al menos que tu naturaleza, como ser racional no sufra alguna alteración y quién dice ser racional dice también ser sociable. Sigue sin variar estas reglas de conducta y no busques más.

                                Aquello que te sucede estaba preparado para ti desde el comienzo de los siglos; la combinación de los hechos estaba ya tomada de antemano para traerla y hacerla coincidir con tu existencia”.

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                                Lo que he subrayado y tintado en negrita, es una observación muy interesante, puesto que nos describe, “un planeta como ser vivo y en constaste cambio o cambiante”; creando y destruyendo; todos sus contenidos, pero no para finiquitarlos, sino muy al contrario, para crear nuevos y sorprendentes. Por ello y a tenor con lo que hoy nos hacen creer, en un cambio “climático” y el que nos traerá, nuevos cataclismos e incluso, desaparición de seres vivos; incluidos muchos “monos humanos”; más altas temperaturas, etc., etc., etc.,  ¿Acaso hay que asustarse o tener miedo a ese por venir, que nadie sabe en realidad ni cómo ni cuándo será? ¿No nos lo ha dicho la propia arqueología y paleontología de los sabios que han investigado ello hasta extremos inimaginados? ¿Cuántos cambios climáticos hubo en el planeta que habitamos a lo largo de los incontables siglos o milenios en que datan su existencia? ¿Cuántos diluvios, glaciaciones, desertizaciones, nacimientos de no sólo montañas, sino de continentes enteros, hubo y que certifican los eruditos? ¿Cuántas razas de “monos humanos y de los otros monos”, hubo y puede haber? Esto nadie lo sabe, puesto que sólo se puede hablar, del día en que vivimos, y del pasado, con todas sus dificultades. ¿Del futuro? “El mono humano no puede ni siquiera hablar del día de mañana; sencillamente, no puede saber y menos asegurar si lo vivirá.

                                De ahí la gran enseñanza de aquellos verdaderos sabios de hace milenios y que ya sabían aconsejar con la mayor seguridad, lo que era la vida de ese “desgraciado mono humano y al que indebidamente calificaron de sabio o sapiens”… ¿A qué te preocupa el ayer o el mañana? El ayer ya pasó y no volverá. El mañana… ¿Sabes si los vivirás? Por tanto preocúpate sólo del hoy, vívelo de forma que al ir por la noche a tu lecho a dormir, que tu alma no te remuerda acusándote de alguna acción mal hecha; y duerme tranquilo esperando ese mañana, que si has de vivirlo, llegará con la puntualidad lógica del día a día”. Empleaban otras palabras quizá más escuetas y contundentes, pero como yo las escribo de memoria, lo hago “a mi forma y manera”, pero entendibles por demás. Amén.



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