Derecho humano a la felicidad

Sociedad y derecho

El derecho al libre desarrollo de la personalidad, o dicho de un

modo más romántico, el “derecho a la felicidad”, se ha constituido como

una de las principales premisas de la evolución de los derechos humanos

en nuestro sistema jurídico.

El lograr la “felicidad", ser feliz, se ha constituido en nuestro país,

como un verdadero "derecho humano de tercera generación", el cual,

consiste en: la prerrogativa que tenemos todas las personas de “vivir de

la forma que mejor nos plazca”, de acuerdo a nuestras preferencias,

gustos y creencias, y, por ende, a llevar a cabo todas aquellas

actividades que contribuyan al pleno desarrollo de nuestra personalidad,

sin que estas puedan ser limitadas ni restringidas, en manera alguna,

por las leyes o por las autoridades.

En la Revolución francesa se postuló la "primera generación" de

“derechos humanos”, los cuales se referían a aquellos derechos civiles y

políticos que aseguraban a las personas un ámbito de autonomía frente

al Estado y la capacidad de participar en las deliberaciones públicas.

Durante el siglo pasado, aparece la "segunda generación de

derechos humanos”, los cuales tienen ya un carácter más económico y

social, que vienen a complementar a aquellos de la “primera

generación”, al garantizar los medios materiales necesarios para su libre

ejercicio.

La "tercera generación" de “derechos humanos” es, el resultado

del andar por ese camino de evolución política, jurídica y social hacia

una nueva etapa, en la que ahora, no solo se trata de que, para la

protección y debido ejercicio de los derechos fundamentales, se

proporcionen los medios materiales suficientes para el despliegue de la

propia autonomía, sino también, el garantizar una “buena calidad de

vida para las personas” para lo cual es indispensable, que cuenten con

la facultad de decisión y, sobre todo, de poner en práctica todas

aquellas actividades que se encuentren dirigidas a lograr ese objetivo,

consistiendo ello, por tanto, en una verdadera obligación para el Estado.

Ejemplos claros del desarrollo del derecho humano al libre

desarrollo de la personalidad, lo encontramos en la construcción

jurisprudencial relativa: al matrimonio entre personas del mismo sexo, o

a la aprobación del uso recreativo de la marihuana, entre muchos más.

De manera tal que, ahora no bastará con que el Estado procure el

crecimiento económico y la redistribución del ingreso, pues también

deberá ocuparse, en el mismo grado de importancia, de la “felicidad de

las personas”. De modo tal que, la tercera generación de los derechos

humanos constituye el reflejo político, jurídico y social de esta evolución.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas

letras hayan sido de su agrado y sobre todo de utilidad ¡Hasta la

próxima!



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