Otros datos

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Pues no, los récords históricos que mencionó el presidente López Obrador en su tercer informe no parecen serlo.  Comenzó con el tema de las remesas, el dinero que envían periódicamente nuestros paisanos a sus familias en México.  Ese, por supuesto, no es un logro de su gobierno. Tampoco pueden considerarse logros la presunta disminución de la violencia, el crecimiento de la economía y el manejo de la pandemia.  El presidente siempre tiene otros datos.

En los números reales, los que aporta el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, han crecido durante su administración los asesinatos, los feminicidios y el narcomenudeo.  La violencia crece, los grupos criminales actúan sin límites ni temor de la autoridad, mientras la Guardia Nacional persigue y maltrata migrantes y el ejército está dedicado a la construcción de un aeropuerto.

Tampoco hay crecimiento económico, si acaso, estamos en una incipiente etapa de recuperación, que no es lo mismo.

En cuanto a la pandemia, las cifras oficiales hablan de más de 260 mil muertes, pero podrían ser ya medio millón.  Somos el cuarto país del mundo en número de víctimas mortales por Covid-19 y del encargado del manejo de la emergencia sanitaria, el tristemente célebre Dr. López-Gatell, ya se ha dicho todo, simplemente no ha sido competente en esa responsabilidad. 

No, las cosas no están como para presumir de logros. Y no, no quiero sumarme a los adversarios del gobierno, solo refiero lo que vemos y reportamos los periodistas día con día.  Me inclino, aunque dudo que vayamos por ese camino, por el éxito de la actual administración.   Que México tenga menos muertos por la violencia, la pandemia y la falta de medicamentos y que el país camine en vías de seguridad, progreso y justicia.  Pero lamentablemente estamos bien lejos de ese punto.

Aún reconociendo que era necesario romper con viejas y profundas inercias de corrupción y que una labor de esa naturaleza no sería cosa sencilla, el gobierno del presidente López Obrador se ha extralimitado al desaparecer también programas que funcionaban bien, para repartir esos recursos entre su clientela política.  

Tampoco era necesario enfrentar a los mexicanos sobre temas como el encuentro de las dos culturas que dieron origen a nuestro país, en hechos ocurridos hace 500 años.  Retirar la estatua de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma y colocar en su lugar una cabeza indígena, que más parece alienígena, es solo una provocación más.

Con esa capacidad que tiene el presidente López Obrador de lograr lo que se propone, aún cuando sus afanes no siempre resulten en un éxito para el país, y si realmente quiere pasar a la historia como uno de los mejores mandatarios, me pregunto ¿por qué no le apostó desde un principio a la unidad nacional?



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