España en quiebra y las quiebras del Estado

España en quiebra y las quiebras del Estado

  Las quiebras en España, vienen de lejos; y siempre, por el mal gobierno del momento, los derroches y guerras absurdas, temerarias, terribles, e incluso destructoras del propio pueblo español. Pero el irresponsable del momento, llegaba a tales extremos, por cuanto él no pagaría nada, el que paga siempre es el pueblo, y al que de verdad carga para un largo futuro la quiebra, es a ese pueblo, el que sufrirá bajo el peso de la misma, todo tipo de calamidades, la mayoría de ellas, evitables, si de verdad se hubiese administrado bien y para sostener a ese pueblo que con su trabajo, es el creador de toda riqueza. El resto siempre fueron parásitos a mantener a la fuerza.

                           Que España está hoy en quiebra, no hay nada más que leer las noticias económicas referente a ello y en los tres meses últimos, azotados por el maldito “virus chino”; al que quieren cargar con todo el peso económico actual; y no, la quiebra viene de antes, si bien hoy “los inútiles que gobiernan”, le dan “la puntilla y aún siguen”.

 Veamos “algunas quiebras anteriores” y las que entenderemos bien, si analizamos los motivos que a ellas llegaron, e incluso la sangre, sudor y lágrimas, que el inocente pueblo tuvo que pagar, antes, durante y después de las mismas, o sea, más o menos como hoy”.

 “La primera vez, paradójicamente, se produjo en un periodo de plena expansión, durante el Siglo de Oro. Felipe II recibió en 1556 de su padre, el emperador Carlos V, un imperio donde no se ponía el sol, con una floreciente Castilla y con las grandes reservas de metales preciosos procedentes del Nuevo Mundo. A pesar de este reluciente patrimonio, la herencia venía envenenada por una deuda de 20 millones de ducados que don Carlos contrajo principalmente al adquirir el título de emperador. Solo un año después de su llegada al trono, Felipe II se vio obligado a proclamar la primera bancarrota de las arcas españolas, un hecho que se repitió en dos ocasiones durante su reinado (en 1575 y 1596, concretamente). Las guerras y los gastos (también los malgastos) que conlleva un inmenso imperio llevaron a Castilla a soportar grandes cargas impositivas, amén de una alta inflación y de una grave crisis. Al final de su reinado, en 1598, mientras la inflación hundía en la miseria a Castilla, su sucesor, Felipe III, heredaba tres frentes abiertos y una deuda que quintuplicaba la inicial. En 1607, España volvía a proclamar la bancarrota, el mismo año en que se hundía la familia Fugger, los prestamistas que habían ayudado a Carlos V a alcanzar el título de emperador, quizás por su exceso de confianza en la deuda española.  A lo largo del XVII, las arcas españolas se declararon en bancarrota otras dos veces. Con la llegada de los Borbones, a principios del siglo XVIII, las finanzas nacionales emprendieron un proceso de modernización, lo que no impidió nuevos problemas en las décadas venideras”.

“El terrible siglo XIX: La guerra con la Francia revolucionaria acarreó nuevas deudas para una decadente España, que comenzó de una manera un tanto precaria un desastroso siglo en el que la bancarrota sería una constante en la vida del país, siendo declarada hasta en seis ocasiones. Guerras, pronunciamientos, pérdida de las colonias y un constante retraso en la Revolución Industrial llevaron a la economía del país a un estado ruinoso, que agravó la fiebre del ferrocarril”. 

A finales  del siglo 19 y principios del veinte, es Vicente Blasco Ibáñez es el que  afirma, en algunas de sus obras; que “los ingresos que tiene España, los consumen en gran parte de los mismos, el rey y sus “casas”, la Iglesia Católica y el Ejército. ¿El pueblo? Pues imagine el lector… “una inmensidad de mendigos pidiendo para comer”. Lo que luego va a llevar a la terrible “guerra civil” de 1936-1939; aunque la verdad es que España, lleva ya un siglo de “guerras civiles”.

“Salvados de la bancarrota: Aun siendo menos ajetreado que el anterior, en el siglo XX, España tampoco vivió tranquila. La corona española sufrió el dolor de la pérdida de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y otras islas del Pacífico; en el ocaso del siglo XIX. Asimismo, diversos conflictos en el exterior y, sobre todo, la terrible Guerra Civil, agotaron también los recursos del país. Sin embargo, a pesar de estos contratiempos y con el fantasma de la deuda extendiendo el terror, España no se declaró en bancarrota.

Sí es cierto que al terminar la Guerra Civil, Franco sólo reconoció las deudas contraídas por el bando Nacional, por lo que dejó sin sufragar las reclamaciones de los países que ayudaron económicamente a la República. Llegaron entonces los tiempos de la autarquía y del “gasógeno”. Con el país agotado y con los posibles aliados del régimen derrotados en la Segunda Guerra Mundial, España se vio sumida en una terrible penuria que la situó, una vez más, en la cuerda floja. El pacto con los norteamericanos por la cesión de bases, etc. vendría a abrir nuevas puertas. En 1957, con el modelo totalmente agotado y con la bancarrota acechando, Franco dio un giro a su Gobierno, incluyendo a los tecnócratas del Opus Dei, que sembraron las bases del crecimiento español de los años 60…. “Y en esos tres o cuatro quinquenios y sobre la base de un pueblo trabajando duro dentro y fuera de España, y “aguantando lo que sólo sabemos los que lo tuvimos que aguantar”. Y ayudados por el Turismo, se llega a la muy rica España que existe cuando muere Franco. ¿Después? Pues los desastres de siempre y a la quiebra actual”… “Y como siempre nadie es responsable de lo que ocurre en España”¿Qué ha pasado de nuevo aquí? ¡Que lo escriban los historiadores para nuestros descendientes, lo que a nosotros, nos va a importar, no dos, sino tres “cojoness”. ¡¡Qué razón tenía el Cancíller de Hierro cuando sentenció lo que ocurría en España!! Y lo que no repito hoy (ver mis artículos publicados, en mi Web) Aunque aquí, “nunca nada sirve para nada; España sigue maldita” y como siempre, expoliada por bandidos y ladrones e infinidad de sanguijuelas insaciables, por lo que superan a éstas, las que una vez saciadas, “dejan de chupar sangre”.

 En el consejo de ministros de mañana, dicen que van a aprobar una paga mínima, pero ya España no tiene dinero para ello, por tanto… INGRESO MÍNIMO: Eso es algo así como, “Tomad hijos míos un poco de pan y algo para acompañarlo”; y no penséis que os hemos arruinado adrede, para luego daros la limosna para que nos lo agradezcáis. Pero sabed que aún esa limosna la vais a pagar vosotros, a través de la inmensa deuda pública que os dejamos no solo a vosotros, sino también a varias generaciones de vuestros descendientes. Amén.



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